No te sonará como una novedad el hecho de que el medio ambiente está cada hora siempre más en peligro y que nuestro planeta, solamente en unos años, podría no ser más lo que hemos conocido hasta hoy (o, mejor dicho, hasta ayer).

El cambio climático es una realidad y es la de nuestro día a día, pero muchas personas hacen como si nada o, peor, viven sin pensar en las consecuencias de sus acciones y de sus costumbres.

Muchas personas, pero los jóvenes no: son las nuevas generaciones las más sensibles a la emergencia climática y ambiental y, especialmente en los últimos años, nos lo han dejado muy claro.

Ayer fue el día mundial de la protección de la naturaleza y el hecho de que sea necesario instituir un día mundial para acordarnos de valorar la naturaleza y protegerla, ya habla muy claramente de la consideración en la que tenemos a nuestro planeta.

 

 

Es impresionante como cambia la percepción de las problemáticas medioambientales si se habla con alguien de las nuevas generaciones o si se habla con alguien de las “viejas” generaciones. Es suficiente hablar con alguien que tenga más de 29 años para darse cuenta de como la importancia del cambio climático cambia drásticamente.

Una encuesta ha demostrado que en España el 47% de los entrevistados entre los 14 y los 29 años ha contestado sí a la pregunta ¿El cambio climático es el problema más importante de nuestro país? El porcentaje del sí entre los mayores de 29 años ha caído a un 17%.

En este caso (y en otras ocasiones) aunque los jóvenes sean casi siempre señalados por su desinterés general, cuando se habla de naturaleza y medio ambiente son ellos los que pueden enseñar a los mayores qué significa empeñarse para intentar salvar el planeta… Planeta… O “eso” que les estamos dejando.

Los activistas de las nuevas generaciones tienen bien claro que, como ha dicho Khishigjargal, de 24 años, de Mongolia, “Somos la última generación que puede poner fin al cambio climático. Podemos hacerlo y lo haremos”.

 

 

Y de verdad lo están haciendo y no dejan que las suyas se queden solamente en palabras: muchos políticos podrían aprender de estos jóvenes con iniciativa y tomar el ejemplo, transformando sus palabras en acciones, en hechos y en asunción de las consecuencias.

El nombre más famoso de esta revolución green under 30 es seguramente lo de Greta Thunberg, pero no está sola: en todo el mundo millones y millones de jóvenes tienen muy claro que, sin hacer algo al respecto, destruiremos el planeta mucho antes de que nos demos cuenta. Los movimientos como Earth Uprising o el más célebre Fridays For Future, son el ejemplo concreto de como el activismo se contagia: no es raro ver, entre los numerosísimos jóvenes, también personas mayores de 30 años que les acompañan porque se han dado cuenta de que “estos jóvenes modernos” no están exagerando tanto.

Cada día tendríamos que recordarnos que es necesario proteger la naturaleza para poder dejar a nuestros sucesores un planeta que sea digno de ser llamado así y no obligarle a buscarse la vida en Venus o en Marte.